El conocimiento científico está en constante evolución. La realidad puede ir cambiando, pero más rápido cambian las técnicas y metodologías que tenemos a disposición para analizarla, estudiarla y conocerla con mayor detalle y profundidad. Esto no significa que el cuerpo de conocimiento científico es inestable y puede generarnos dudas; simplemente cada día sabemos más de la realidad que nos rodea. Lo relevante es si somos capaces de trasladar estos cambios al conocimiento existente en la sociedad, si somos capaces de actualizar el conocimiento popular a medida que sabemos más. La actividad científica no puede generar más incertidumbre de la imprescindible, al contrario, debe tender hacia el empoderamiento de la ciudadanía para una interacción sostenible, justa y responsable con la realidad.
Un ejemplo concreto es el caso de la terminología científica para designar a las especies vivas. Las especies pueden evolucionar, pero más rápido puede cambiar el nombre científico con el que las identificamos. El desarrollo y uso de nuevas tecnologías nos permite ir afinando en el conocimiento de sus particularidades que no dejan de ser la base de su identidad. Este cambio, a menudo, no se traslada a la sociedad y los nombres comunes de los seres vivos se mantienen.
Un caso singular es el de la botánica. Los botánicos Oriol de Bolòs (1924 – 2007) y Francesc Masclans (1905 – 2000) velaron por adecuar los nombres populares de las plantas a las actualizaciones de los términos científicos. Algo nada fácil, por cierto. ¡Cómo le quieres poner cipripedio a la orquídea conocida como zapatitos de dama! Recientemente, además, el XX Congreso Internacional de Botánica (IBC) celebrado en Madrid en 2024 decidió cambiar algunos nombres de especies de plantas por sus connotaciones morales y racistas. También hay expertos que, por el contrario, no querrían cambiar el nombre científico por nada, argumentando la universalidad del conocimiento científico. Como siempre, de todo y para todos…
Mi aportación, como microbiólogo, a la evolución terminológica de los seres vivos se encuentra en el campo de las bacterias. Esto lo hice durante mi estancia post doctoral en el laboratorio del Dr. Johan F. De Jonckheere en el Instituto de Hygiène et de Épidémiologie (IHE) de Bruselas, llamado después Instituto Scientifique de la Santa Publique y últimamente Sciensano, el nuevo instituto nacional belga de salud pública. Como experto internacional en el estudio de los protistas (amebas, en concreto) en estado libre, el Dr. De Jonckheere disponía de la tecnología necesaria para avanzar en el estudio taxonómico de las bacterias fotosintéticas rojas del género Chromatium que habían sido protagonistas parciales de mi tesis doctoral.
El resultado de esta estancia fue la constatación de que dos especies consideradas distintas hasta entonces Chromatium vinosum y Chromatium minutissimum eran prácticamente la misma. Así lo revelaban los estudios de riboprinting realizados en el IHE y publicados en la revista International Journal of Systematic Bacteriology (Mas-Castellá, J., Guerrero, R., De Jonckheere, J.F. 1996. High degree of similarity between Chromatium vinosum and Chromatium minutissimum as revealed by riboprinting. Int. J. Syst. Bacteriol. 46, 922–925.)

Años más tarde, estudios de los grupos de investigación de expertos internacionales como Rodney A. Herbert, Rudolf Amann y Ulrich Fischer (W. Serrano et al. 2011. Systematic and Applied Microbiology 34, 590-594) confirmaron, usando otras tecnologías, la estrecha relación entre estas especies. Dicen en su trabajo: “Thus, the low nucleotide diversity observed within the A. vinosum phylogroup, reinforced the close relationship of all these strains. Based on this data, the status of the species A. vinosum DSM 180T and A. minutissimum DSM 1376T as separate entities must be revised. Both type strains are similar in very many features as was reported by Mas-Castella et al. [1996] and Pavon and Gaju [1997]. In addition, our findings were also supported by the fact that the DDH relatedness within this group showed values >80% plausible for a single genospecies”.
Si somos capaces de entender que el nombre que identifica una especie en el momento presente puede cambiar por motivos distintos, creo que podremos avanzar en la comprensión de la ciencia por parte de la ciudadanía.